Saltar al contenido
Actualidad

Mi hijo está todo el día con el móvil y está ansioso: qué dice la ciencia y qué puedes hacer

7 min de lectura Por María José Sepúlveda Bogas

Son las once de la noche. Tu hijo lleva tres horas en la habitación con el móvil. Cuando le dices que lo deje, se pone agresivo. A la mañana siguiente está agotado, irritable, y tú no sabes si lo que ves es cosa de la edad o algo más. Esta escena se repite en miles de casas del Maresme cada noche.

En febrero de 2026, investigadores de las universidades Rey Juan Carlos y Pontificia Comillas publicaron el primer estudio científico realizado en España sobre el impacto de las redes sociales en menores. Los datos son concretos y, para cualquier padre que haya vivido esa escena, completamente reconocibles: el 76,5% de las chicas de 17 años sufre ansiedad cuando no recibe respuestas inmediatas en redes sociales. El 42% de los menores en TikTok experimenta algo similar. El 60% pierde horas de sueño por el móvil.

No es debilidad de carácter ni falta de voluntad. Es neurología.

Qué está pasando realmente en el cerebro de tu hijo

Las plataformas —YouTube, TikTok, Instagram— están diseñadas para que el cerebro adolescente no pueda parar. No es una metáfora: los equipos de ingeniería de estas compañías han optimizado cada detalle del scroll infinito, las notificaciones y los «me gustas» para activar el mismo circuito de recompensa que activan las apuestas o el azúcar.

El cerebro adolescente es especialmente vulnerable porque el córtex prefrontal —la parte que regula el impulso y evalúa las consecuencias— no termina de madurar hasta los 25 años aproximadamente. Mientras tanto, el sistema de recompensa funciona a pleno rendimiento. El resultado: un adolescente fisiológicamente menos capaz de resistir lo que una aplicación de Silicon Valley ha diseñado durante años para que sea irresistible.

El estudio de la Comunidad de Madrid lo cuantifica: el 98,5% de los menores encuestados reconoce una necesidad funcional y emocional de estar conectado. No es elección. Es dependencia real, aunque no tenga todavía el nombre de adicción en el manual diagnóstico.

Las señales de que el móvil está causando ansiedad, no solo distracción

Hay una diferencia entre un adolescente que usa mucho el móvil y uno que está desarrollando un problema de ansiedad relacionado con él. Estas son las señales que, en consulta, vemos con más frecuencia:

  • Irritabilidad intensa cuando no tiene cobertura o se queda sin batería. No es enfado adolescente normal: es una respuesta de privación real.
  • Dificultad para concentrarse en cualquier cosa que no sea la pantalla. Los deberes, una conversación, una película sin el móvil al lado: todo le parece lento e insoportable.
  • Cambios de humor ligados directamente a lo que pasa en redes. Un comentario negativo o que una publicación no reciba likes suficientes desencadena una reacción desproporcionada.
  • Alteración del sueño. Se acuesta tarde, se despierta para mirar el móvil, llega al colegio agotado de forma crónica. El estudio confirma que el 60% de los menores pierde horas de sueño por este motivo.
  • Ocultamiento. El 20% de los adolescentes del estudio oculta el tiempo real de conexión. Cuando un adolescente empieza a esconder cuánto usa el móvil, ya sabe que hay un problema.
  • Evitación de situaciones sociales presenciales. Las interacciones cara a cara le generan malestar que la pantalla no genera: son impredecibles, no se pueden editar, no tienen like.

Si reconoces dos o más de estas señales de forma sostenida —no puntual— merece la pena prestarle atención.

Qué no funciona: quitarle el móvil sin más

La reacción instintiva de muchos padres es confiscar el teléfono. Es comprensible, pero casi siempre contraproducente si se hace sin un trabajo paralelo.

Cuando un adolescente que lleva meses usando el móvil como regulador emocional —para calmarse, para sentirse acompañado, para escapar del aburrimiento o la tristeza— se queda de golpe sin él, el malestar no desaparece: solo pierde la única herramienta que conoce para gestionarlo. El resultado suele ser más conflicto, más ansiedad y una relación familiar más deteriorada.

Tampoco funcionan las prohibiciones sin explicación ni los sermones sobre «el daño de las pantallas». Un adolescente que no entiende qué le está pasando en el cuerpo y en la cabeza no puede cambiar un comportamiento que, desde su perspectiva, le hace sentir mejor a corto plazo.

Qué sí funciona: lo que vemos en consulta

El enfoque que funciona combina dos frentes: el familiar y el individual.

En el trabajo con el adolescente, el objetivo no es eliminar las redes sociales —eso es irreal— sino desarrollar lo que en psicología llamamos tolerancia a la frustración y regulación emocional. Aprende a identificar qué emoción está intentando callar con el scroll, a sostenerla sin escapar, y a encontrar otras formas de gestionarla que no dependan de la validación externa.

También trabajamos la autoestima desconectada del número de likes: uno de los efectos más documentados de las redes en adolescentes es la comparación constante y la sensación de no ser suficiente. Eso tiene tratamiento.

En el trabajo con la familia, ayudamos a establecer límites que funcionen —normas claras, razonadas, negociadas con el adolescente— y a mejorar la comunicación para que el móvil deje de ser el único espacio donde el adolescente siente que tiene autonomía.

La psicología juvenil en Mataró trabaja exactamente esto: no solo el síntoma visible —el móvil— sino lo que hay debajo.

¿Cuándo es el momento de pedir ayuda profesional?

No hay una respuesta única, pero hay indicadores claros. Cuando el malestar de tu hijo es persistente —no una semana difícil, sino meses—, cuando está afectando al rendimiento escolar, a las relaciones con sus amigos o a la vida familiar de forma habitual, y cuando tú como padre o madre ya no sabes qué más hacer: ese es el momento.

Pedir ayuda no es un fracaso. Es reconocer que lo que está pasando supera lo que una familia puede manejar sola, y que hay profesionales formados para ayudar.

En el Gabinete Iluro trabajamos con adolescentes desde los 13 años. La primera consulta, sin el adolescente —solo con los padres— sirve para entender qué está pasando, valorar si hay un problema real y explicar cómo podemos ayudar. Si después se decide iniciar un proceso, lo hacemos siempre con la implicación de la familia, no al margen de ella.

También ofrecemos psicología infantil para niños más pequeños en los que ya se observan patrones de uso problemático de pantallas —cada vez más frecuentes a partir de los 8-9 años.


Si lo que describes te resulta familiar, pide una primera consulta gratuita. María José Sepúlveda, psicóloga sanitaria colegiada nº 15778, lleva más de 20 años acompañando a familias de Mataró y el Maresme en este tipo de situaciones. La primera sesión es sin compromiso: en ella evaluamos la situación y te explicamos si podemos ayudar y cómo.

¿Necesitas hablar con un profesional?

La primera consulta es informativa y gratuita.

Escríbeme
Sigue leyendo

Artículos relacionados